Marc Ros (Sidonie): «Hay una necesidad de volver a ver una banda humana tocando sobre un escenario»

Texto: Endika Martínez.

Sidonie será este próximo sábado uno de los grandes nombres del V Dale CandELA Fest de Getxo, una cita que vuelve a unir música y solidaridad para dar visibilidad a la ELA. La banda catalana compartirá cartel con artistas como Kiko Veneno o Quique González en un festival al que llega después de un intenso verano de conciertos y con ‘Catalan Graffiti’, su primer disco íntegramente en catalán, todavía muy presente. Hablamos con Marc Ros, cantante y guitarrista de Sidonie, sobre el festival, su relación con Euskadi, el regreso de las guitarras y una trayectoria que se acerca ya a las tres décadas.

Este sábado volvéis a Euskadi para participar en el Dale CandELA Fest. Un festival solidario y, además, con un cartel importante.

Todos los alicientes están ahí para que sea un fin de semana precioso de rock. Además, estamos llegando al final del verano y hay unas sensaciones y unas vibraciones especiales. Nosotros llegamos cansados porque hemos tenido un verano lleno de conciertos, pero han salido bien y el sabor es dulce. Me gusta acabar esta especie de tortura de tanto trabajo de una manera tan bonita, aquí en Euskadi.

Además, tenemos relación de amistad con algunos de los artistas del cartel, por ejemplo con Kiko Veneno. Tenemos muchas ganas de vernos las caras.

El hecho de que sea un concierto solidario para dar visibilidad a la ELA, ¿supone también una motivación especial?

Obviamente. Un fin de semana de festival siempre lo das todo, pero aquí, por esta causa, hay un plus de motivación. Lo sentimos así todos. Lo hablábamos precisamente en el local de ensayo, porque habíamos quedado para preparar el concierto, y comentábamos que ojalá hubiera más iniciativas y más conciertos como este.

Un cartel de puro rock.

Vuelven las guitarras. Tengo la sensación de que existe una necesidad. No sé si es por hartazgo del playback, de las voces pregrabadas o del autotune, pero sí hay ganas de ver a una banda humana, formada por personas, tocando sobre un escenario.

Al final, la gente sigue pagando por ver a alguien encima de un escenario, aunque esté lejos y casi ni se le vea. Y sigue haciéndolo porque necesitamos mantenernos en esa escala humana.

Tenéis muchos amigos que ya han pasado en los últimos años por el Dale CandELA Fest, como Ariel Rot. ¿Qué os han contado del festival?

Hace poco estuvimos con Ariel. Nos vamos viendo de vez en cuando y algunas veces tenemos la suerte de compartir escenario con él. Le comenté que veníamos al festival y se alegró mucho por nosotros. Nos transmitió muchos ánimos. Tenemos muchos compañeros que conocen esta iniciativa y nos han hablado muy bien de ella.

Euskadi tampoco es un lugar nuevo para Sidonie. Lleváis viniendo prácticamente desde vuestros comienzos.

Teníamos tantas ganas de venir que, cuando empezábamos y no teníamos ni un duro, cogíamos los tres la furgoneta y veníamos. Dormíamos dentro de la propia furgoneta o incluso en la misma sala en la que habíamos tocado.

Recuerdo, por ejemplo, el Bukowski de San Sebastián. Para nosotros que nos dejaran dormir allí era como estar en el Ritz, aunque estuviera todo lleno del olor a tabaco —porque entonces se fumaba dentro de los locales— y a alcohol. Éramos felices porque teníamos muchísimas ganas.

También pasasteis por escenarios como Bilborock, Crazy Horse o el Villa de Bilbao. Supongo que después de tantos años habéis ido dejando muchos amigos por el camino.

Absolutamente. Hay mucha gente a la que tenemos ganas de volver a ver cada vez que regresamos.

De aquellos años también quedan muchas historias. ¿Ahora sois bastante más tranquilos?

—Bueno, estamos vivos, que no es poco. Si hubiéramos seguido aquel ritmo estaríamos muertos, te lo garantizo. Era muy poco profesional llegar al segundo o tercer concierto sin haber dormido.

Ahora lo pienso y, aparte de lo que suponía para nuestra salud, era incluso una falta de respeto hacia el público que había pagado por verte. Entonces podíamos hacerlo porque teníamos la energía de la juventud. Teníamos unos 25 o 26 años y aguantabas casi todo, pero si hubiéramos seguido así unos cuantos años más habría sido imposible.

«Hubo alguna reacción extraña de gente tonta, pero en los conciertos vemos que el público disfruta»

Este año está marcado también por Catalan Graffiti, vuestro primer disco completamente cantado en catalán. ¿Cómo está funcionando la gira?

Está funcionando muy bien. Catalan Graffiti es nuestro primer disco íntegramente en catalán y tampoco sabíamos exactamente cómo iba a recibirlo el público, porque hasta ahora habíamos cantado principalmente en castellano e incluso tenemos un par de discos en inglés al principio de nuestra carrera.

Sí que hubo alguna reacción extraña de gente tonta, pero después vas a los conciertos y ves que la gente lo está disfrutando. Nos siguen llamando para tocar fuera de Cataluña y para nosotros eso es un placer.

Deseamos que nuestros seguidores y la gente que venga a vernos no tenga ningún prejuicio a la hora de escuchar a un grupo cantando en un idioma o en otro.

Después de un verano tan intenso, ¿qué se va a encontrar el público de Getxo este sábado sobre el escenario?

Una banda muy rodada. Sidonie es un grupo muy tocón. Nos gusta muchísimo tocar porque somos felices encima del escenario y estamos muy a gusto entre nosotros.

Ahora somos un quinteto. Seguimos Axel, Jess y yo, que formamos la banda en 1998, y nos acompañan Jordi Bastida a la guitarra y Edu Martínez a los teclados. Primero porque tocan muy bien; después porque son guapos y van bien vestidos —ríe—, pero, sobre todo, porque son buenas personas.

Cuando estás de gira eso es fundamental. Yo soy una persona bastante hogareña y casera y me cuesta salir de casa. Mi motivación es encontrarme con ellos, porque tienen sentido del humor y son buenas personas. Son mi otra familia.

—Os acercáis ya a los 30 años de trayectoria. ¿Qué queda de aquellos tres músicos que empezaron buscando cualquier lugar en el que poder tocar?

—Ahora obviamente somos un grupo más profesional y nos cuidamos bastante más, pero sigo viendo en mis compañeros esa mirada traviesa y ese brillo en los ojos de querer continuar jugando.

Lo seguimos haciendo en el estudio de grabación, en el local de ensayo, probando cosas nuevas… Eso continúa intacto.

—¿Es quizá ese espíritu lo que explica que Sidonie siga unido después de tantos años?

—Estar en Sidonie es muy divertido. Algunas veces me pone bastante nervioso e incluso me provoca insomnio, pero tengo una banda en la que se está muy bien porque es divertida.

Subirse al escenario con Sidonie tiene unas vibraciones muy bonitas. He colaborado con otra gente, me han invitado a otros escenarios y no siempre he sentido esas mismas vibraciones entre los miembros de un grupo.

Estar en Sidonie sigue siendo divertido. Y por eso sigo aquí.