Fernando Belzunce: «Periodistas en tiempos de oscuridad. El compromiso inquebrantable con la verdad en la era de la desinformación» (Ariel)

Texto: Andrés Mendiri.

Hace treinta años, la importancia de los periódicos de papel era enorme. Centraban el interés y la atención de la mayoría. Marcaban la agenda, creaban identidad colectiva y, a su manera, configuraban la realidad, ordenándola.

Hoy es bien distinto. Cada vez se imprimen y venden menos diarios porque lo digital manda. La pantalla luminosa ha arrinconado a la mancheta de papel. La web, las redes sociales y la IA generativa han volcado el tablero y atomizado el panorama de medios y publicaciones.

Una de las reglas de oro de la narración periodística es que el redactor no aparezca en la noticia y su protagonismo sea nulo. En este ensayo, ocurre al revés.
Fernando Belzunce (Pamplona, 1976) reúne y da voz a más de cien periodistas de todo el mundo, algunos de relumbrón como la bielorrusa Svetlana Alexiévich (Nobel de Literatura), el nicaragüense Sergio Ramírez (premio Cervantes) y el estadounidense Martin Baron (exdirector del Washington Post).
Pero quién mejor que los propios periodistas para analizar el presente y el futuro de esta profesión tan necesaria.
Hay que agradecer al autor de este libro que haya aprovechado su puesto de director editorial de Vocento (grupo donde se integran el ABC, El Correo y Diario Vasco, además de otras cabeceras de diferentes regiones de España) y ser miembro del World Editors Forum Board de WAN-IFRA (la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias) para reunir a un grupo de periodistas tan representativo.

La vida se puede tomar desde el compromiso o la indolencia. Belzunce hace gala de lo primero y con este ensayo coral saca a relucir el ADN de periodista que corre por sus venas.
Una cosa es tener fácil el acceso a periodistas por tu puesto directivo y por participar en el foro mundial de editores o en la Fundación Gabo, y otra distinta es tener la decisión, capacidad y empuje necesarios para levantar una obra como ésta, que obliga a cuadrar agendas, concertar y hacer entrevistas a decenas de colegas periodistas de todos los puntos del planeta.
¿Cómo de oscuros son los tiempos que vivimos? ¿Es mayor la sombra que se cierne hoy que la de otras épocas? No corren buenos tiempos para los periódicos. Por la digitalización, que obliga a los medios a reinventarse y a estar más ocupados de las cuentas (el negocio) que de los cuentos (las historias). Y porque las democracias están en retroceso. Hace tiempo que los periodistas independientes son una amenaza para gobernantes de inclinación autoritaria como Putin en Rusia o Trump (instigador del asalto al Capitolio en 2021) en Estados Unidos.

Democracia y periodismo son dos caras de la misma moneda. En esto coinciden la totalidad de los periodistas entrevistados por Belzunce. En la arquitectura de las sociedades libres, el periodismo es el contrafuerte necesario para señalar las grietas y apuntalar el edificio. Los periodistas ejercen un trabajo de fiscalización necesario para asegurar los derechos y la libertad de expresión. El periodismo es un contrapoder indispensable.

Sin embargo, los ciudadanos, especialmente los jóvenes, están perdiendo el interés por la información de calidad. El algoritmo de las redes sociales premia el entretenimiento sobre la información. El ecosistema digital ha favorecido las noticias falsas y la desinformación. Cuando hay un exceso de información, los medios clásicos se convierten en referentes fiables.
Iñaki Gabilondo establece un símil válido: en las inundaciones, lo primero que escasea es el agua potable. Lo mismo ocurre en esta época de sobreabundancia de información, de infoxicación. Las aguas limpias que calman la sed informativa son las que proporcionan los medios cuya reputación se ha forjado con los años; medios decanos, que además de dar noticias son garantes de las buenas prácticas ligadas al proceso periodístico, como son la verificación de los hechos, la narración y la contextualización.

David Simon, el director de The Wire, la serie de HBO sobre el tráfico de drogas en las calles de Baltimore, la corrupción política y el periodismo, dice que cuando un club de striptease abre al lado de una escuela infantil es seguro que en ese pleno municipal no hubo ningún periodista.

No hay democracia sin periodismo. Buen ejemplo son los más de 320 periodistas encarcelados en el mundo. El libro de Belzunce recoge testimonios escalofriantes de profesionales que se juegan la vida y que, en ocasiones, han sufrido ataques durísimos. Pone los pelos de punta el relato de la periodista colombiana Jineth Bedoya, que sufrió un secuestro y una violación en grupo a manos de paramilitares.

Hay también historias inspiradoras, como la que relata Óscar Villasante, director de El Correo en la actualidad, que viajó a Colombia junto a un compañero de la facultad, por su cuenta y riesgo, a comienzos de los años ochenta del siglo pasado. Querían estrenarse como reporteros en un punto caliente y contactaron con las FARC.

Tras días de espera y comprobar que no tenían dobles intenciones, los guerrilleros les guiaron por las montañas y la selva hasta llegar a los campamentos, donde entrevistaron y fotografiaron a los diferentes grupos armados. A su vuelta a Bilbao, Villasante ofreció el reportaje a El Correo. El periódico lo publicó y después le contrató. Cuatro décadas después, aquél joven con vocación y arrojo suficientes para correr semejante aventura ha llegado al puesto de director.

O la historia de Mónica Ceberio, directora adjunta de El País, que explica cómo tuvieron que organizar una redacción de 300 personas durante el confinamiento de la pandemia de Covid, en 2020, para trabajar cada uno desde su casa.

O el relato de María Moya, socia fundadora y presidenta de la agencia de Comunicación Prodigioso Volcán, que vivió en primera persona, junto a Mario Tascón, los primeros pasos de las redacciones digitales de los grandes periódicos nacionales, a finales de los noventa y primeros 2000.

Otro pasaje memorable es en el que se cuenta el trabajo del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), que supo coordinar el trabajo de decenas de periodistas de diferentes medios y países para dar alcance internacional a los delitos económicos acreditados en los llamados papeles de Panamá.

¿Por qué se hace alguien periodista? ¿Cuál es la vocación? ¿Cuál es el sentido de jugarse la vida, como ocurrió en el País Vasco, cuando ETA amenazó también a los medios de comunicación, llegando a asesinar al director financiero del Diario Vasco, Santiago Oleaga, y al columnista del periódico El Mundo José Luis López de la Calle? ¿Qué ha supuesto para los periódicos la digitalización de la comunicación a través de Internet, mediante webs, redes sociales y la IA generativa? ¿Qué futuro espera a los periódicos y a los medios?

Fernando Belzunce ha hecho un trabajo encomiable, recopilando en este ensayo la opinión de cientos de periodistas de todo el mundo. En este sentido, podría decirse que es un libro corporativista, pero realmente es un ensayo de enorme interés para todos los lectores, porque muchos de los temas tratados nos afectan a todos como sociedad.
La directora de The Guardian decía que “la misión del periodismo es utilizar nuestra claridad e imaginación para generar esperanza”. En tiempos oscuros como los que vivimos, no creo que haya un propósito mejor.

Martin Baron, que fue director del Washington Post y responsable de destapar el caso de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia de Boston, apela a la necesidad de que los medios y los periodistas hagan también autocrítica, pero hace una defensa encendida de la profesión. “Es precisamente ahora cuando hay que hacer periodismo”.

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